Del Rey recalcó que debe huirse del talibanismo en el sector del vino y que las uvas autóctonas no están reñidas con las foráneas, sino que son complementarias, de la misma forma que no debe existir contradicción entre los vinos de segmentos más populares y los de alto nivel.
Argumentó que las empresas deben aprovechar los diferentes segmentos que existen en el vino y decantarse por lo que quieren elaborar, mientras dijo que la mayor reglamentación o liberalización depende de la idea del productor y del consumidor al que se dirige a la hora de sumarse o no a proyectos como denominaciones de origen o geográficas, aunque reconoció que los países consumidores consideran que los grandes productores (Francia, España e Italia) cuentan con excesivas normas y denominaciones.
La enóloga Isabel Mijares criticó abiertamente los excesivos corsés de los que se dotan las denominaciones de origen y defendió un modelo más abierto en el que convivan las uvas autóctonas con las foráneas, a la par que reivindicó una mayor libertad para publicitar el vino, “que es considerado un alimento por la ley española”.
Insistió en que no deben confundirse globalización con estandarización y defendió la singularidad de la elaboración de cada país y de cada zona por su terruño y sus uvas, independientemente de que sean autóctonas o foráneas.
Calificó de farragoso el espectro vitivinícola español y acusó a sus responsables de confundir al consumidor con tantas denominaciones y divisiones, a la par que reflexionó sobre el daño que hace al vino presentarlo como un producto elitista y sólo para expertos en un país que produce más de 40 millones de hectolitros cada año.
El crítico vitivinícola José Peñín abundó también en la obsolescencia de los reglamentos, una vez superada la etapa de posibles fraudes de antaño y abogó por la defensa de la tipicidad y de la marca sin que esto contradiga el uso de variedades autóctonas o foráneas.
Reconoció que la escasa calidad hace años del vino popular en España le había perjudicado, pero que hoy hay escasa diferencia entre los vinos populares y los grandes vinos, ya que ambos tienen calidad y lo único que les separa son la complejidad y los matices que exige un nicho concreto de mercado.
Cristina Alcalá, directora de la editorial Opus Wine, defendió que lo local puede llegar al mundo por su especificidad y lo que debe buscarse es la diversidad de los distintos segmentos del vino, ya que cada vino es percibido diferente en cada país y eso debe ser un aliciente a la hora de vender.
www.oemv.es
www.opuswine.es
www.enofusion.com