Domingo, 29 de Enero de 2012
Señor agente, no puede ser, sólo he tomado dos copas de vino blanco.
Gregorio Corral
Las restricciones aumentan y la presencia de agradables agentes del orden con alcoholímetro en mano prolifera por las ciudades. A todo esto, ¿Cuántos mitos, dimes, diles y diretes no hay alrededor del alcohol y sus efectos? Algunos de estos mitos tienen su justificación científica y otros no son más que teorías de barra de bar.
Alcohol Test
Alcohol Test
Cuando se analiza el contexto actual de descenso alarmante de consumo de vino en España, suele nombrarse el tema de la disminución de la tasa máxima permitida de alcohol en sangre y el endurecimiento de las sanciones. Si bien no considero que la legislación en la materia sea una causa importante del descenso del consumo de vino, sí que es lógico suponer que ayudar no ha ayudado mucho, sobre todo para mantener el consumo de vino en hostelería. También opino que los hosteleros, en general, tampoco han ayudado mucho, pero ese es otro asunto. Volviendo al tema, en más ocasiones de las que me hubiera gustado, me he encontrado con la mano en el bolsillo jugueteando estúpidamente con las llaves de mi coche y pensando lo a gusto que me tomaría una segunda copa de vino. Siempre hay alguien, en esta situación, tiene su teoría al respecto; que si los hombres aguantamos más, que si comes no hay problema, que si nosotros (los vino adictos habituales) estamos acostumbrados y no nos afecta tanto. La mejor recomendación suele ser, - la próxima vez deja el coche en casa -, y entonces es cuando pienso – si ya lo se -. No es que desconfíe de las teorías de mis amigos, bueno en realidad si, sobre todo cuando han pasado por el filtro de un par de botellas de vino, para que engañarnos. Pero resulta que algunas de estas teorías tienen su fundamento.

Hace unos días leía un artículo muy interesante titulado The Scientific Low-Down on High Alcohol Wines y firmado por Michael Apstein. Para empezar, no es lo mismo ocho que ochenta.

Lo cual es un poco tonto decirlo pero se suele olvidar. No es lo mismo un vino con un 12% de grado o volumen alcohólico que con un 15%. Según el artículo de Michael Apstein y los datos que presenta, ese 25% más de grado alcohólico representa una diferencia de un 35% más de concentración de alcohol en sangre (BAC), para una mujer de aproximadamente sesenta kilos de peso, que consuma un par de copas de vino (unos 150 ml por copa) durante un intervalo de tiempo de hora y media. En el caso de nuestra mujer ideal, amante del vino, la diferencia puede estar entre beber un par de copas de vino blanco de 12% de grado y llegar a los 0.65 de concentración de alcohol en sangre, u optar por un vino tinto de unos buenos 15% de grado y llegar a 0.88, sin comer nada. Tanto con los blancos como con los tintos, nuestra buena mujer tendría problemas con nuestro simpático agente ya que superaría la tasa mínima fijada en España de 0.25. Aunque si estuviera en Estados Unidos, donde la tasa legal está fijada en los 0.8, la diferencia entre la legalidad y la ilegalidad estaría entre el blanco y el tinto.

¿El género importa?, pues sí. A pesar de que la mayoría del alcohol que consumimos se sintetiza en el hígado, antes se trata en el estómago. En el estómago el alcohol es disuelto por una encima, la alcohol deshidrogenasa (ADH) parecida a la que contiene el hígado. Los estrógenos femeninos inhiben parte de la ADH, de manera que las mujeres metabolizan menos alcohol. Aunque si la mujer se llama Tatiana, Olga o Irina yo no me fiaría mucho de la teoría. Los científicos creen que la ADH pierde efecto con la edad, lo que explicaría porque nuestra tolerancia al alcohol disminuye con la edad. Otro factor diferenciador es que el cuerpo del hombre contiene una mayor proporción de agua que el de la mujer. El alcohol se disuelve sólo en la parte compuesta por agua del cuerpo humano, de manera que, a igual cantidad de alcohol, el cuerpo femenino presentará una mayor concentración de alcohol.

¿La comida aplaca a la fiera?, pues también. El contenido del estómago pasa al intestino delgado donde se absorbe la mayor parte del alcohol. El estomago se vacía más lentamente cuando contiene comida, de manera que el alcohol permanece más tiempo en el estómago y la ADH tiene más tiempo para disolver más cantidad de alcohol. Sin embargo, eso de atizarse un buen chorro de aceite o ingerir grasa antes de beber alcohol para proteger el estómago no es más que una historia de barra de bar. ¿La burbuja se me sube a la cabeza?, no se sabe muy bien porque pero un grupo de investigadores británicos concluyeron, tras un estudio en el 2003, que la concentración de alcohol en sangre es mayor después de haber ingerido Champagne que después de haber tomado la misma cantidad del mismo espumoso sin burbujas. Aunque espero que no fuera de verdad Champagne, que desperdicio. Paradójicamente la explicación es que el carbónico agiliza el paso del alcohol por el estomago, de manera que una vez más, nuestra amiga ADH tiene menos tiempo para trabajar.

¿Los vino adictos habituales aguantamos más el alcohol? A ver, panda de sospechosos habituales, es cierto dentro de unos límites razonables. Aquí lo que cuenta es tener un hígado entrenado que no machacado. Un bebedor habitual de vino, estamos hablando de una o dos copas al día, tiene un hígado predispuesto para esa ingesta de alcohol. Lo que hace el hígado es generar de antemano la enzima que metaboliza el alcohol, de manera que la glándula está preparada antes de que llegue su dosis habitual. Estamos hablando de un par de copas de vino, como comentaba al principio, cuidado con atizarse una o dos copas de un destilado de 40% de grado alcohólico. Como se puede deducir de lo dicho hasta ahora, cuanto más se reparta la ingesta de una cantidad concreta de alcohol a lo largo del tiempo, mejor lo tendrá nuestra gran amiga ADH en el estómago y nuestro compañero el hígado para procesar el alcohol. Así que mejor degustar el vino con tiempo y sin prisas.

¿Existen recetas mágicas?, lo del chorro de aceite no funciona, aunque hay investigaciones que buscan desarrollar sustancias que inhiban los efectos del alcohol sobre el cerebro y de esta forma cortar el ciclo de adicción al alcohol de algunas personas. Investigadores de la Universidad de California, trabajan en la síntesis de la raíz de un árbol de origen chino (Hovenia dulcis) de la que obtienen una sustancia, la dihydromyricetin (DHM), que consigue mantener sobrias a las ratas de laboratorio. Pero cuidado, está pensado para uso terapéutico y en todo caso el alcohol sigue permaneciendo en la sangre y el hígado. Con la DHM no evitaríamos a nuestro querido agente y su alcoholímetro. De momento, un truco de catador profesional consiste en tomar una aspirina antes de las catas para prevenir la contracción de los vasos sanguíneos más pequeños del cerebro y evitar ese desagradable acompañante de las resacas que son los dolores de cabeza (Análisis sensorial de vinos, Ronald S. Jackson).

La mejor solución es prevenir antes que tener que curar. Para que el señor agente no nos pille desprevenidos, hay en internet muchos sitios donde podemos calcular aproximadamente el índice de concentración de alcohol en sangre, por ejemplo globalRPh . Ahora que todos andamos con teléfonos inteligentes, por supuesto que tenemos nuestra aplicación de turno para calcular el BAC. Yo, que soy de los del androide verde, la que me parece más apañada es Alcohol Test. Aparte de calcular el BAC en base a unos parámetros dados, Alcohol Test proporciona un juego para comprobar tu grado de alcoholemia. Aconsejo probar el test antes en seco para no llevarte un susto.

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