Lunes, 15 de Junio de 2009
Vinos de baja graduación y "vinos" sin alcohol.
Rosa María Zarza Gíl.
En los últimos dos años la FEV (Federación Española del Vino) ha estado favoreciendo la práctica enológica con carácter experimental de la desalcoholización parcial del vino.

En 2007 se firmó un convenio con una empresa que realizaba esta práctica y su tecnología se instaló en algunas bodegas.

A partir del 1 de agosto de este año, entrará en vigor la nueva normativa en material de prácticas enológicas en aplicación del Reglamento 479/2008. En la mencionada normativa quedará autorizada con carácter general la desalcoholización parcial de los vinos. Ahora surge la siguiente pregunta, ¿podemos llamar vino a un producto con 0,5º de alcohol?

Según el Reglamento de la Ley del Vino, para llamarse vino tiene
que tener más de 9º de alcohol, excepto en algunos casos especiales como los enverados, el chacolí, y vinos verdes que pueden tener 8 u 8,5º.

Las bodegas que lanzan estos derivados del vino, se respaldan en la actual y cada día más creciente demanda de productos con bajas calorías y en el endurecimiento de la ley de tráfico respecto al consumo de alcohol.

Existen dos sistemas para quitar el alcohol al vino, la ósmosis inversa y los conos rotatorios. Ambos métodos actuan de la siguiente forma, separan los componentes aromáticos, eliminan el alcohol de esa porción desaromatizada, restablecen los componentes de aroma y sabor al vino desalcoholizado y finalmente lo mezclan con la porción principal del vino original para lograr el nivel de alcohol deseado.

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a una jornada técnica, durante la cual se presentaron desalcoholizados. Los asistentes a esta jornada fuimos catando muestras con diferentes niveles de disminución de grado alcoholico hasta llegar al mínimo de los 0,5º. Las muestras se elaboraron a partir de un vino base blanco y otro tinto. Un Verdejo de la D.O. Rueda de 12,5º, y un Tempranillo de D.O. Ribera del Duero. Vinos base tratados alternativamente tanto por ósmosis inversa como por conos rotativos para generar las diferentes muestras.

En mi experiencia, Al quitar el alcohol lo que se va haciendo es dejando la acidez. La acidez ya se hacía muy presente y desagradable al rebajar un grado el volumen de alcohol del vino base, así que cuando se rebajo en seis grados, la acidez era tan patente que el derivado se hacía difícil de beber. Además de esto, el tinto cada vez se hacía más astringente en boca e incluso mostraba en algunas muestras aromas de acetato. Estas percepciones cambian si al catar tienes en cuenta que el resultado de la desalcoholización tiene que ser retocado para llegar a una bebida agradable. O también si piensas en que el derivado del vino base va a ser mezclado para bajar el grado de alcohol de un vino con graduación elevada.

En resumen, la técnica de la ósmosis inversa dejaba menos patente la acidez que los conos rotativos, pero en contrapartida dejaba a los ``vinos'' más muertos en nariz.

Y la conclusión a la que llegué, es que me gusta el vino, el vino de verdad con sus 13-14º, con sus aromas, con su estructura y con su alcohol.

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